Mi primera experiencia con la Cerámica
La sensación agradable de una arcilla color crema entre las manos, suave y cremosa en un paraje llamado “el navazo” y el correr del agua que manaba de entre las rocas más arriba vienen a mi memoria 40 años después ante la pregunta de cúal fue mi primera experiencia con arcilla. Mis amigos y yo solíamos ir allí a jugar entre los peñascos megalíticos de ese lugar.
Aquel día cogimos la arcilla y nos pusimos a modelar. De aquel ejercicio pronto empezaron a surgir las primeras figurillas; algunos animalitos, entre ellos la forma compuesta torpemente de un pato que más tarde estuvo expuesto en la cornisa de la chimenea, en “el topetón” largo tiempo. Una vez hechas aquellas figuras las dejamos secar y encendimos un fuego con algunos ramajos que había alrededor e hicimos el intento de cocerlas metidas en una caja de lata. Recogidos nuestros trofeos que llevábamos entre las manos como pequeños tesoros, me fui a casa, cogí unas viejas acuarelas ya muy gastadas “Jovi” y pinté aquella obra que en ese momento me pareció la figura más maravillosa del mundo ante la contemplación inocente de que la había hecho yo mismo.
Esa fue mi primera experiencia con la cerámica, que más tarde se convertiría en mi Profesión. Todo lo que hacemos en nuestras vidas nos lleva por caminos que en la divagación tienen toda la lógica del mundo.
De aquel sitio idílico que aparece en mi pensamiento como una imagen perfecta poco queda. Un basurero, una escombrera y unas naves industriales son el cuadro actual de ese lugar donde pasé momentos entrañables de mi niñez.
